Atentado en Manchester.

Manchester, ayer lunes, alrededor de las 22:35, en el estadio Manchester Arena tras una actuación de la artista estadounidense Ariana Grande, con capacidad para unas 21.000 personas, un atentado suicida con explosivos caseros ha dejado 22 muertos y 59 heridos, el estallido se ha producido en la zona que conecta el pabellón con la contigua estación de tren de Victoria. De nuevo un atentado contra la libertad, contra el ocio, para provocar miedo, para poner en peligro a más de 20.000 personas que solo querían disfrutar de un concierto y hacer las cosas con normalidad. Dos meses después otro atentado, cuando un hombre embistió con su coche a una multitud y apuñaló a un policía, cerca del Parlamento, causando cinco muertos y 40 heridos en Londres. El Estado Islámico ha asumido la autoría del atentado, un atentado terrorista cometido por un solo hombre, con un artefacto explosivo casero, que murió tras accionar la carga.

Nos enfrentamos a una amenaza impredecible y generalizada, nos atacan a lo que es parte de nuestra vida diaria: en Francia, el ataque en París en 2015 en la sala Bataclan, en el paseo marítimo de Niza durante las celebraciones del 14 de julio; en Alemania, el objetivo fue el mercado navideño de Berlín; en Turquia, la discoteca Reina de Estambul en Nochevieja; ahora un concierto de adolescentes en Manchester. El terrorismo yihadista busca con sus atentados crear miedo, pero sobre todo una repercusión mediática. El Estado Islámico está débil, está perdiendo la guerra de consolidar el Califato y expandirlo, pero trata de hacer la yihad atentando en cualquier sitio, haciendo daño e intentando dar una imagen de éxito para atraer a nuevos mártires.

El llamamiento a la yihad es defender la idea de que la población musulmana está siendo humillada y masacrada por los infieles, buscan el apoyo de todos los musulmanes. Esta es la amenaza con la que vamos a convivir, es un fenómeno de gente joven de segundas y terceras generaciones musulmanas, de gente olvidada en barrios marginales, con paro, con pocos recursos económicos y que sus respectivos países de acogida no les han dado lo que buscaban. Esta gente son los que se están radicalizando y son el peligro de nuestra sociedad. El problema no está en cerrar las fronteras señor Trump, el peligro lo tenemos en nuestras ciudades, en cualquier barrio olvidado, porque cuando uno no tiene nada, le importa muy poco matar a los demás, aunque eso suponga tu propia muerte. Porque, los terroristas buscan en el martirio suicida, el Paraíso. Su muerte consigue el reconocimiento y nuevos reclutamientos de nuevos mártires para la yihad, consiguen proselitismo de su causa, siempre habrá un loco dispuesto a morir matando.

Comentarios