La historia de España se repite.
La historia de España se repite, siempre dos bandos, la lucha fratricida entre las dos Españas: los unos y los otros, los buenos y los malos… Siempre alimentando extremismos, olvidando el dialogo y con políticos irresponsables que no han sabido dar soluciones a lo largo de la historia. Esa España del cuadro «El duelo a garrotazos«, de Francisco de Goya, representando a dos personajes masculinos que literalmente luchan entre sí a garrotazos. Una la España liberal y la otra la España absolutista partidaria de Fernando VII. Siempre dos Españas, en las guerras carlistas: unos defendiendo la monarquía absolutista y el catolicismo conservador en contra del liberalismo. En la Guerra Civil (1936-1939): la España en la que se proclamó legalmente la Segunda República y el alzamiento militar dirigido por el General Francisco Franco, totalmente ilegal e inconstitucional que acabó con 40 años de dictadura. Odio, muertes, desaparecidos y dolor en miles de familias…
En estas fechas se está sembrando un sentimiento profundo e intenso de repulsa del resto de España a Catalunya y una aversión, repugnancia y rechazo de lo español desde Catalunya. En estas fechas de sembrar odio, incomunicación y de malos gobernantes me acuerdo del poema «Apología y petición» de Jaime Gil de Biedma, que lo dedicó a los malos gobiernos: «De todas las historias de la Historia, la más triste sin duda es la de España porque termina mal»
La crisis catalana no debería ser motivo para la incitación al odio, ni por parte de Catalunya a España, ni de España a Catalunya. La crisis catalana es un problema político, que deberían solucionar o mejor dicho hubieran tenido que solucionar hace mucho tiempo. Ahora, se está produciendo en Catalunya un debilitamiento de los valores constitucionales, del Estado de derecho y la democracia, pero en el resto de España está aumentando la catalanofobia. Los abusos discursivos por parte de nuestros políticos, tanto los nacionales como los catalanes quiebran la convivencia y aumentan la intolerancia.
Ninguna causa democrática, se soluciona con más policías, ni judicializar los problemas significará ningún avance… La generalización del lenguaje de odio aumenta el extremismo, llegando a una confrontación dialéctica que puede acabar de la peor de las maneras. No se debería de hablar de vencedores ni vencidos, ni de los que defienden el Estado de Derecho y los que defienden el independentismo. Se debería buscar una solución.
Estamos hablando de personas, que forman familias que tienen o no hijos, que unos trabajan o estudian y otros están jubilados o en paro… Estamos hablando de personas que viven en Catalunya y sin nacer en Catalunya quieren ser catalanes. Más del 60% de la población actual de Cataluña es fruto directo e indirecto de la inmigración. Lo cual significa que cuando hablamos de catalanes, son también andaluces, murcianos, castellanos, gallegos… .O descendientes de ellos. Son personas con los mismos problemas que los de otras autonomías, sin ningún problema de convivencia entre ellos. Muchos quieren tener el derecho a decidir, algunos están dispuestos a votar por la independencia, otros quieren que todo siga igual y quizás a otros les gustaría que se acabará con el Estado de Autonomías.
Todo depende de hacer política en letras mayúsculas, ponerse de acuerdo, llegar a una solución legal que complazca a ambas partes: España y Catalunya. Alcanzando un acuerdo flexible, con soluciones alternativas que nos hagan salir de este punto muerto. Cuando la política no es capaz de llegar a soluciones, corremos el peligro de que algún iluminado piense que tiene la solución. De nuevo una dictadura sería perder todo lo ganado en 42 años y muchos demócratas lucharían por la libertad y la democracia. La historia de España que se repita o no, está en manos de nuestros políticos y del respeto a las instituciones en todas las circunstancias: igual si te son favorables como si te son adversas.
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