Ingresos mínimos contra la pobreza.
Cualquier país debería tener un sistema que garantice unos ingresos mínimos contra la pobreza, una forma que impida que cualquier persona en pobreza severa, que no tenga derecho a otros beneficios sociales, se quede en el desamparo. Aunque como todo, se ve de diferente manera desde un punto de vista conservador o progresista, Mientras los conservadores piensan que son formas de alimentar a vagos con subvenciones públicas y de convertir el pueblo más sumiso al poder; mientras los progresistas piensan que las familias en riesgo de exclusión social deben ser protegidas por el Estado, porque para eso existe el Estado. El capitalismo siempre es un obstáculo para la igualdad, por eso los empresarios y miembros de la derecha política en España les ha faltado tiempo para lanzar el hashtag #DamePaguita.
Ya en febrero de 2017, hubo una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) con 700.000 firmas, promovida por los sindicatos CCOO y UGT que pedía una renta mínima de 426 euros para desempleados y sus familias, sin ingresos y sin recursos, que no salió adelante. También fue una promesa del Gobierno, que estaba incluido en el pacto firmado por PSOE y Unidas Podemos, ahora es una necesidad urgente para afrontar la crisis económica provocada por el Covid-19, en el que parece que está de acuerdo todo el Ejecutivo, pero que existen diferencias sobre quién podría beneficiarse, su idoneidad con otras ayudas, con otras rentas mínimas de otras comunidades autónomas y su carácter permanente.
Creo que nadie sea tan estólido para creer que una persona prefiera cobrar una paga de 420 euros a tener un trabajo y unos ingresos dignos. Pero, hay muchos patriotas que dicen querer a España y a los españoles, pero que les preocupa más el euro que los demás. Donde su prepotencia, mezquindad y falta de empatía nos recuerdan que después vendrá la derecha para arreglar la economía del país. A lo mejor no hay dinero suficiente para aplicar la medida, pero hay que endeudarse cuando es una necesidad social, porque a nadie le gusta perder su empleo, perder su vivienda, no tener dinero para pagar los suministros, ni para comer. Una democracia no solo se valora por la calidad de sus instituciones sino por el buen funcionamiento en dar solución a las necesidades materiales de sus ciudadanos.
Por primera vez en España, un gobierno progresista de coalición, tiene la oportunidad histórica de implantar una renta mínima vital. Es hora de pensar en los ciudadanos y ciudadanas y de olvidar la ortodoxia neoliberal, que hizo los recortes en sanidad, en educación y en todo lo público. Ahora es una urgencia, porque cuanto más se prolongue el estado de alarma, cada vez hay más pobreza y necesidad, pero que tiene que ser una medida para cubrir las necesidades básicas de unas personas que no escogen voluntariamente la pobreza severa. ¿Eso es tan difícil de entender o no tenéis vergüenza?
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