La adversidad en mundos diferentes.
La adversidad parece que se percibe de diferente manera en uno mismo que en los demás, igual que todo el mundo no afronta igualmente todas las situaciones adversas que se le pueden presentar. La resiliencia se entiende como un proceso de adaptación. La adversidad es diferente su percepción, desde un país del Primer Mundo que en un país del Tercer Mundo, donde se da por sentado, que hay una aceptación de lo inevitable.
Cuando hay una adversidad en el Primer Mundo parece que se le magnifica, se le da una importancia diferente, parece como si el egocentrismo genere una victimización. Mientras que cualquier situación en general, que sufren los países del Tercer Mundo, como la pobreza absoluta, desnutrición, guerras y enfermedades superadas en el Primer Mundo como: el VIH-SIDA, la bronquitis, la neumonía, el sarampión, la meningitis, la tuberculosis o simplemente la diarrea, por motivos de deshidratación, mala calidad del agua, hambrunas y malnutrición, matan a millones de personas. Sin olvidar enfermedades endémicas como: la malaria, el dengue, el évola o la tripanosomiasis que no merecen ni un minuto en los informativos ni una linea en los periódicos ni en las redes sociales. Parece que los muertos y los contagiados tienen diferente importancia si son del Primer o del Tercer Mundo.
Nacemos en países diferentes, en culturas diferentes, con situaciones económicas y sociales diferentes, hay personas que sufren enfrentamientos tribales, hambrunas, genocidios o guerras, que sufren desplazamientos no deseados, que carecen de lo más necesario, que sufren enfermedades endémicas, que se mueren de hambre. Muy pocos son los interesados en el sufrimiento de los demás y por supuesto si son del Tercer Mundo, damos invisibilidad a las tragedias de los demás, olvidamos que un ser humano es un ser humano, da igual donde viva y de dónde venga. Es como si hubiera una ley no escrita: primero los nuestros y después los nuestros, siempre se nos olvidan los demás.
El mundo está dividido por la desigualdad y después por fronteras, la desigualdad existe en el Primer Mundo pero existe mucho más en el Tercer Mundo, primero respecto al mundo desarrollado y después en dichas sociedades, que aún se acrecienta más. La desigualdad se convierte en diferencia, tenemos un mundo fragmentado y parece que hay demasiados intereses para que todo siga igual, parece que no es lo mismo que muera un negro a que muera un blanco.
En esta crisis sanitaria del Covid-19 hemos de aprender una lección, somos una sociedad egoísta pero además una sociedad que ha permitido que las políticas neoliberales nos recorten nuestros derechos más elementales en nombre de una salvación de nuestra sociedad occidental ante una crisis económica. Después de una crisis económica si se hacen recortes, viene siempre una crisis social. El coronavirus ha destapado la falta de investigación y de medios para hacerle frente, si algunos mantuvieron que el problema era poder dar asistencia universal a los inmigrantes, resulta que tampoco estaba preparada para hacer frente a las necesidades de una emergencia sanitaria.
Al capitalismo le interesa para su funcionamiento que exista un Tercer Mundo, pero parece que la respuesta política para nuestra sociedad es también, crear desigualdad. Prefieren sembrar una ideología ultra o fascista basada en políticas antiinmigración, en gobernar con unos preceptos que cada día nos hace más pobres y a otros más ricos. Al final, si el Primer Mundo se olvida del Tercer Mundo, nuestros gobernantes se olvidan de nosotros. A lo mejor nosotros también tendremos que aceptar lo inevitable, si estamos sufriendo esta emergencia no es por culpa de un virus…
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