Perder la libertad por responsabilidad.

responsabilidadPerder la libertad por responsabilidad, no solo a nivel personal, sino como conciencia de grupo, es la asignatura que tenemos como animales sociales, porque cada uno de nosotros forma parte de esta sociedad y tenemos una obligación hacia el resto, porque mi libertad termina dónde empieza la de los demás. El estado de alarma en España vuelve a prorrogarse por segunda vez, se alargará el confinamiento dos semanas más, como mínimo hasta el 26 de abril. Cuando no puedes hacer lo que quieres, te planteas que no basta con la libertad personal, la libertad tiene una relación causa-efecto con la responsabilidad.  

Podemos perder la libertad por distintos motivos: por ser sometido por una persona, por la tiranía de una institución, estado o dictadura; por haber cometido un hecho que dañe la integridad de otro; pierdo la libertad por cosas que nos acostumbran y nos desprenden de nuestro libre albedrío; cuando no podemos decir lo que pensamos; se pierde la libertad cuando no estás protegido. Pero, no podemos decir perder la libertad por no poder salir a la calle, por no poder hacer deporte, por no poder tomarnos algo en un bar, por no poder irnos de vacaciones de Semana Santa. En definitiva, por querer hacer lo que nos venga en gana. No se debería decretar un estado de emergencia para que la gente comprendiera, que debe quedarse en casa por responsabilidad, por solidaridad con los demás, por la salud de todos y todas.

Si partimos de que la gran mayoría cumplimos este confinamiento, me molestan esos listillos y listillas: que nunca sacaron tantas veces a sus perros a la calle y que algunos no recogen los excrementos; a esos que van a la tienda de comestibles o al supermercado o a la farmacia, cada día o incluso varias veces al día; a esos que hacen compras compulsivas a las grandes empresas de comercio electrónico para pedir cosas innecesarias; a esos que aprovechan la mínima oportunidad para escaparse a su segunda residencia en la playa o en la montaña. Estas personas no ejercen su libertad, nos están arrebatando con sus acciones, la libertad a los demás.

No podemos hablar de desesperanza, de claustrofobia, de estrés, de desesperación por estar en nuestras casas, con nuestras parejas, con nuestros hijos, con nuestra familia o solos. En la mayoría de los casos con alimentos, con teléfonos, tabletas, ordenadores, redes sociales, plataformas de televisión… No podemos comparar este supuesto mes y medio de confinamiento, con una guerra, ni tampoco con una posguerra. En la década de los 40 del siglo pasado en España, hubo muchos años de pobreza por los destrozos de la guerra, por la autarquía de la dictadura franquista. Donde el estraperlo y las cartillas de  racionamiento, hizo que la mayor parte de la población pasara hambre y les faltara de todo lo necesario. 

Y, si no queremos mirar hacia atrás en la historia, porque nos parece muy lejano, pensemos en los millones de personas que malviven hacinados en campos de refugiados y fuera de sus hogares sin ninguna libertad; los que están viviendo bajo una dictadura; o los que sufren de falta de libertad por haber cometido un delito. De momento somos todos unos privilegiados, que de momento no podemos disfrutar de la plena libertad, pero que estamos dispuestos por responsabilidad a respetar el confinamiento, para que pronto podamos disfrutarla…

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