Cuestionar la democracia por demagogia.
Las elecciones norteamericanas se han convertido en algo diferente «que votar a un presidente», se ha llegado a cuestionar la democracia y sus resultados, principalmente por el presidente Donald Trump. La democracia, es algo más que votar para quitar a un gobierno y poner a otro. La democracia ha sido hasta ahora, tanto para la derecha más conservadora como por la izquierda más radical, la forma de legitimar la decisión del pueblo, de poder asegurar la convivencia entre distintos grupos sociales en un mismo país, respetando las minorías. Para que exista la democracia, debe de haber un Estado de Derecho que: cree las leyes por las que se va a regir dicho Estado; gobernar el país de acuerdo a esas leyes y vigilar que todo el mundo sin excepción; y que se cumplan las leyes que se han creado. Es lo que conocemos, por separación de poderes del legislativo, ejecutivo y judicial. Pero, ahora se ha puesto de moda, cuestionar la democracia, porque aunque no sea perfecta, como dijo Winston Churchill: «La democracia es el menos malo de los sistemas políticos”.
La democracia es un patrimonio de todos nosotros, por ello debemos consolidarlo y protegerlo, ante dirigentes como Trump, Salvini, Orban o Bolsonaro que ofrecen a sus votantes una alternativa diferente a la democracia liberal, donde el racismo, el machismo, la xenofobia, la homofobia, el machismo…, se defienden públicamente sin pudor. Sin respetar las decisiones democráticas del pueblo, hablando de fraude, de gobiernos ilegítimos. La democracia que era la única solución frente a modelos totalitarios fascistas, comunistas o autocráticos, la quieren desprestigiar y cuestionar, imponiendo una lógica que recoge la esencia del populismo y del sistema capitalista. Para que el Capital imponga sus normas y decisiones capitalistas a los Estados. Los ciudadanos y ciudadanas con su voto están escogiendo esta forma de entender la democracia, y gracias a dicho voto han conseguido llegar a los parlamentos y en algunos casos a gobernar. Nos puede no gustar, pero es lo que ha decidido la mayoría.
Los demócratas (entendidos como partidarios de la democracia) debemos prepararnos para un nuevo concepto de democracia, una democracia atacada por los que hablan de situaciones semejantes a una guerra, de la ruptura del orden social o moral, de la corrupción, del comunismo, de la invasión de inmigrantes…; donde en nombre del interés superior del pueblo, apuestan por el autoritarismo y la supresión de las libertades fundamentales. Ante el desencanto de muchos ciudadanos por la política tradicional, que ante la crisis económica, han empeorado sus condiciones de vida, y la fatiga de gobiernos liberales conservadores o socialdemócratas que los han abandonado, votan por el populismo.
No podemos pensar que todo el mundo, vote en contra de Trump, ni llegar a creernos que es la única opción democrática, porque existe la libertad de votar a quien cada uno quiera y crea que es mejor, según sus ideas. Es lo mismo que creer que la extrema derecha, que había estado cobijada durante años en el seno del Partido Popular, ha irrumpido con fuerza en el Parlamento español y eso no es democrático. Nos tenemos que aguantar a que determinados políticos que solo piensan en humillar a sus opositores, que no les importa construir consensos y estabilidad, que se saltan la normas y convenciones del juego democrático, que se les hace difícil respetar el Estado de Derecho, que utilizan el negacionismo y prefieren tomar decisiones de manera arbitraria. Nuestras democracias se están llenando de extremismos y de populismos que hacen cuestionar la democracia para algunos, los que sienten esa fatiga democrática y prefieren votar a esos determinados políticos. Lo que tengo claro, es que se puede criticar a dirigentes como Trump, Salvini, Orban o Bolsonaro, pero no culpar a sus votantes, porque la democracia es la decisión del pueblo.
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