Salud y República.
Con la ley de reforma política del 1976, ya se había incluido al rey, y de allí a la Constitución. En julio de 1978, el Congreso de Diputados debatió durante doce sesiones la ponencia constitucional, aunque el resultado de la votación ya estaba acordado con antelación, de que: «La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria» Los grupos mayoritarios de la cámara, también el PNV o CiU abrazaron el nuevo régimen alrededor de la figura simbólica del rey. Ni los más republicanos, los que reivindicaban salud y república, no hicieron aspavientos a la hora de aceptarla. Con la legalización del Partido Comunista el 9 de abril de 1977, la bestia negra del franquismo, Santiago Carrillo aceptó la monarquía escogiendo el “consenso”, con la intención de reconocer a todos los partidos políticos, celebrar elecciones libres y llevar a España a la democracia.
Un referéndum que nunca llegó, entre monarquía o república. Y, que se cambió en la Constitución entre democracia o dictadura, añadiendo a la democracia una monarquía parlamentaria, que votaron los españoles el 6 de diciembre de 1978, con SÍ mayoritario la aprobación de la Constitución. Que fue apoyada por el 87,87% de los votantes, que representaba el 58,97% del censo electoral, mientras que la opción del NO la prefirió el 7,84% de los votantes, con una abstención media en todo el Estado del 32,89%. En teoría, los españoles habíamos escogido y ratificado a la monarquía parlamentaria. Por medio de la Constitución el Rey devuelve al pueblo todos los poderes que había heredado del general Franco y pasa a continuación a ser un «Rey constitucional», es decir, que reina pero no gobierna.
La monarquía rompe el primordial principio de igualdad. Y por mucho que quieran decir de que el rey Juan Carlos I, se ganó el respeto y el cariño de todos los españoles sin excepción, por su defensa de las libertades de los españoles, pero no hay que olvidar tampoco los errores cometidos por el rey, por los que él mismo pidió perdón y declaró compungido que lo sucedido no se volvería a repetir. Con su abdicación y renuncia al trono de España en favor su hijo Felipe el 18 de junio de 2014 y su decisión de trasladar su residencia al extranjero. Los españoles no nos merecemos un sistema que permita que una persona que esté por encima de las demás, simplemente por llevar un apellido o por heredar un título. ¡Salud y República!

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