La actitud egoísta.
El egoísmo es simplemente anteponer los intereses de uno a los de los demás. Nos miramos ante ese espejo egoísta que alimenta nuestra indiferencia. Nos da igual que haya guerras, hambrunas, desigualdades sociales, injusticias, vulnerabilidad climática... Nos importa más la compra de un smartphone, el irnos de vacaciones, el ir al gimnasio o escribir cualquier comentario en las redes sociales. Solo pensamos en nosotros y quizás también en los que tenemos más cerca. Se nos olvidan los menos afortunados, con menos libertad y justicia, nos da exactamente igual, solo tenemos que girar la cara, cambiar de canal o deslizar el dedo. Nos dicen que ser más egoísta te hará más feliz. La felicidad personal la anteponemos a la moral, a la ética, a la empatía, a la solidaridad...
Para el liberalismo una actitud egoísta es una virtud, el capitalismo es la religión del egoísmo, la codicia, la avaricia por el dinero. El dinero alivia muchas de las penas de esta sociedad, pero sólo puede conseguirse de forma individual, no lo compartirás con nadie, ni nadie lo hará contigo. El egoísmo desmedido, la búsqueda del enriquecimiento a corto plazo, el consumismo, el hedonismo son los principios básicos del capitalismo y desde luego parte de su éxito. En un individualismo consumista que nos convierte a los ciudadanos en clientes, donde la felicidad se basa en tener. El sistema capitalista es el responsable de la enorme desigualdad de la distribución de la riqueza. Entre países y regiones, el medio rural y el urbano, entre clases sociales, entre hombres y mujeres. Continuaran existiendo millones de personas pobres, excluidas, inmigrantes, refugiadas, hambrientas , etc. Y, guerras donde siguen muriendo miles de personas, por la actitud egoísta de tantos.

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