Cumplir 66 años de vida.
Cuando tienes 33 años, es la edad en la que tienes toda la energía para hacer lo que te gusta. Comienzas a darte cuenta que la belleza no está únicamente en lo visible. Tienes las ideas claras de lo que quieres en la vida, formas una familia o disfrutas de sentirte emancipado. Sabes lo que quieres, has aprendido a tropezar y a levantarte cada vez con más fuerza. Te das cuenta que la vida está para ser disfrutada.
Cuando cumples 66 años de vida y piensas en que tienes dos veces 33 años, te acuerdas de tu juventud, de lo que has vivido, de tus errores y de tus aciertos. Pero, sobre todo echas de menos la juventud, la energía, las ganas de vivir y de amar. Ahora, te conformas con seguir viviendo, valorando la experiencia y los conocimientos que adquirimos con los años, aceptando las cosas como vienen y viviendo con ellas.
Sin tantas fuerzas como cuando éramos jóvenes, pero haciendo cosas que me hagan feliz y a los que me rodean. Seguir cumpliendo años, porque eso significa que estoy vivo. Se me suman los días y los años, aunque no me siento viejo de mente, pero a veces no recuerdo las cosas tan bien como antes o no puedo recordarlas tan rápidamente. A mis piernas les cuesta más caminar; tengo más dificultad al agacharme o levantarme; he perdido agudeza y reflejos; incluso la próstata me obliga irremediablemente a orinar con una frecuencia que no conocía anteriormente.
Hoy no es un día especial, empiezo a vivir el año que cumplo, haré lo mismo de siempre, mi vida solo cambiará porque los que me quieren se acordarán de felicitarme o la tecnología vendrá en su ayuda. Es mi primer cumpleaños desde la jubilación, no desde una vejez pasiva, he retomado hábitos pasados, no quiero perder el tiempo, necesito hacer cosas, sentirme útil, aunque cada vez te sientes menos necesario para los que te rodean.
La gente no quiere cumplir años porque eso les recuerda que les queda menos tiempo y porque además, le recuerda todo lo que no han hecho en el tiempo que han tenido hasta ahora. Reconocemos la densidad y riqueza del ayer y lo frágil y precario del mañana; dispuestos a vivir intensamente el hoy porque puede ser el último. Porque, la vida no para, no espera, no avisa.

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