La falta de moral de quienes nos gobiernan.
Moralidad significa integridad, honradez, lealdad, recto proceder, leal a los principios de la ética y la justicia. La inmoralidad, la falta de moralidad muchas veces se convierte en amoral, aunque lo inmoral es gobernar con unos principios morales negativos que son contrarios a los que predican como moralmente adecuados, mientras la amoralidad sencillamente es que no poseen conductas morales por las que regirse. Sean inmorales o amorales los que nos gobiernan, son insensibles a todo, donde la moral parece ser un elemento desechable, subordinado a intereses superiores, se desprecia o se subestima, porque en realidad nadie está decidido a anteponerla a su pasión del poder.
Es paradójico que la falta de moral de quienes nos gobiernan, muchas veces en las autarquías e incluso en algunas democracias, sea una cosa impuesta a la ciudadanía, donde se dictan los principios morales, un discurso moral exigente, mientras que en las sociedades donde sus gobernantes son más abiertos, no hay discursos oficiales acerca de la moral, porque la sociedad lo ha internalizado. Incluso es necesario un consenso moral mínimo a la hora de legitimar el poder. De eso, sabemos mucho en España, donde la oposición pone en duda la legitimidad del Gobierno de España, presidido por Pedro Sánchez.
Hay demasiado cinismo con la falta de moral y la hipocresía en la política, donde venden virtudes que nunca practican. La moral se subestima o se desprecia, todos la invocan pero nadie se la toma en serio. Putin sigue con la guerra de Ucrania. Trump con su guerra comercial de aranceles. Netanyahu con la guerra en Gaza y el genocidio a los palestinos. Y, la falta de respeto a los Derechos Humanos de Xi Jinping, Kim Jong-un, Maduro, Milei, Obiang Nguema... Donde el pragmatismo, se antepone a los principios morales y éticos, donde la falta de moral o inmoralidad es la costumbre, a la que nos hemos acostumbrado y que parece que casi nadie protesta, ni hace nada para solucionarlo.

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