Ni el Papa, ni el Vaticano, ni la Iglesia son una democracia.
El Papa es el sucesor de San Pedro, que es elegido por un sufragio limitado por los cardenales menores de 80 años. Además, es el Jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano, que es una monarquía absoluta, donde tiene plenos poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Es la cabeza visible y padre espiritual de la Iglesia Católica, que es jerárquica y no democrática, donde todo fiel católico debe obediencia al Papa y a los obispos, lo mismo que los obispos le deben obediencia al Papa. Ni el Papa, ni el Vaticano, ni la Iglesia son una democracia. Hoy ha muerto el Papa Francisco, dicen que ha sido un buen Papa, aunque lo que se pide es lo mismo que a cualquier cristiano: vivir a semejanza de Jesucristo, cumplir con sus mandamientos, ser bondadoso, misericordioso y humilde. Francisco escogió dicho nombre en referencia a San Francisco de Asís, un santo conocido por su amor a los pobres y su estilo de vida sencillo. Quiso ser renovador, sencillo, ha defendido a los inmigrantes y refugiados, condenó las guerras, la xenofobia y el racismo; mostró su apoyo a la ecología. Pero, realmente en sus 12 años de pontificado, no ha hecho cambios en la Constitución Apostólica ni en el Derecho Canónico, solo buenas intenciones, sin cambiar nada. Bien porque no ha querido o no le han dejado los sectores más conservadores.
Francisco quizás no tuvo vínculos con la dictadura argentina (1976-1983), pero muchos lo acusaron de no haber hecho lo suficiente para oponerse al régimen militar. A Francisco se le recordará por sus loables intenciones y sus tímidas decisiones. La Iglesia es conservadora en términos generales, muy lejos de ese "revolucionario" que fue Jesucristo. Cuando Francisco asumió el poder en 2013, la Iglesia católica estaba envuelta en un escándalo mundial por los abusos sexuales a menores de edad cometidos por sacerdotes y los intentos de la institución por encubrirlos. Se condenó desde el punto de vista dogmático y moral, pero se siguió encubriendo por el Episcopado y la Santa Sede. Le faltó a Francisco una postura clara con los divorciados y el quedarse fuera de la Iglesia; con la homosexualidad donde dijo: "Ser homosexual no es un delito, pero sí pecado”; con el papel de las mujeres, donde prometió analizar histórica y teológicamente el papel de la mujer en la perspectiva del sacerdocio. Pero, tampoco, lo cumplió. Sin olvidar el celibato de los sacerdotes.
Escucharemos y leeremos infinidad de crónicas y comentarios sobre Francisco, estos días antes y después de su funeral, donde muchos defienden su carisma y otros le atacan. Pero, donde la hipocresía de los grandes mandatarios es una cuestión patente, el Papa no es solo un líder espiritual de 1.400 millones de católicos en todo el mundo, es también el papel de la realpolitik del Vaticano, actuando como mediador en conflictos, disputas internacionales incluyendo la lucha contra la injusticia y la pobreza, ayudar a las personas necesitadas con el fin evangelizador de convertirlos en fieles de la Iglesia católica. Donde su principal herramienta es la misericordia, entendida como la cualidad de Dios para perdonar los pecados. Desde la Santa Sede el Papa gobierna la Iglesia universal y para conseguirlo se apoya en la existencia de un Estado, el Estado de la Ciudad del Vaticano, un vestigio del feudalismo, donde no le hace falta la democracia. Garantizando la independencia suficiente para llevar a cabo su labor, representando además a los católicos de todo el mundo. La Santa Sede, es el organismo que dirige la Iglesia en todo el mundo y el Estado Vaticano, es la institución que da soporte material a las entidades que gobiernan la Iglesia. En las dos la máxima autoridad es el Papa, tiene todas las prerrogativas que corresponden a un monarca absolutista. No hay parlamento, no hay votaciones, no hay oposición, no hay libertad de prensa...
El modo austero de vivir del Papa Francisco no es solo un discurso, debe trasladarse a la Iglesia, donde parece que se prioriza las finanzas vaticanas y propiedades a la caridad cristiana, para ayudar a los pobres y desfavorecidos. Algunos nos cuestionamos si Dios no excluye a nadie, dónde queda una Iglesia rica y por qué no una iglesia pobre y para los pobres, donde Jesucristo siempre vivió en un contexto pobre. Tanto la Iglesia como el Estado Vaticano, al estilo de cualquier organización humana se ha llenado de títulos, honores, privilegios, obras artísticas y mucho dinero, que hacen visible y que son incapaces de despojarse, donde solo les importa aumentar su poder y prestigio. Donde la Iglesia debería seguir las exhortaciones de Jesús a ayudar a los pobres, redistribuyendo cristianamente su riqueza entre los pobres y más necesitados. De lo cual Francisco, tampoco hizo nada.
La religión es un acto de fe, de obediencia y de sometimiento, la Iglesia sigue con una mentalidad de cristiandad medieval, donde el Papa es el monarca absolutista del la Ciudad del Vaticano y de la Santa Sede. Ser cristiano es ser ciudadano y no se debería concebir que se viva al margen de la democracia en una sociedad moderna, libre, igualitaria y critica. Donde quizás la elección de un nuevo Papa, no cambie nada en una institución que lleva dos mil años sin hacerlo. ¡ Descansa en paz, Francisco !
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