El pesimismo de la realidad.
El pesimista ve las cosas con escepticismo, cuestiona todo lo que observa, escucha y lee. No comprende el por qué de muchas cosas, se pregunta las razones e intenta buscar explicaciones y soluciones. No espera de manera inocente a que las cosas cambien. No somos fatalistas, creemos que el pesimista lo tiene todo perdido y solo puede ganar. Por eso, los pesimistas somos combativos, aunque también hay los que no hacen nada. Los que consideran que los problemas no se cuestionan o piensan que se resuelven solos. Nos molesta que nos traten como personas negativas. Al pesimista, hay ciertas realidades que no nos gustan y por eso queremos cambiarlas.
Los optimistas y los pesimistas quizás queremos lo mismo: el final de las guerras, del hambre, de los movimientos humanos. Pero, unos se conforman y otros luchamos para cambiar las cosas. Unos creen en la esperanza, en el azar o simplemente en el tiempo, que lo cura todo, sin hacer nada. Mientras, los pesimistas sin esperar a que se pueda solucionar, lo intentan, hacen todo lo posible para arreglar los problemas. El pesimista no crea falsas expectativas, porque como decía anteriormente: todo está perdido. El pesimista es un revolucionario intelectual y moral, está preparado para afrontar los problemas, no se quiere quedar al margen de las soluciones, quiere contribuir y ayudar, no conformándose con una realidad no deseable.
En tiempos de injusticias, violencia y dolor, el pesimista sensato es el que no cae en la inacción, mientras el optimista se acomoda y no hace nada. Simplemente esperar. El pesimista no se limita a la mera reflexión, sino que busca la acción y la transformación social a través de sus ideas y su activismo. Es una actitud de enfrentarse a lo peor de la realidad, que es una etapa y no una meta, para conseguir un resultado. La realidad tiene por desgracia, mucho de pesimismo y nuestra actitud es fundamental: todo menos, no intentarlo. Aunque nos tilden de pesimistas...

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