¡ Fuego, fuego, fuego !
El fuego forma parte de la "Teoría de los 4 elementos" formulada por los más famosos filósofos de la Antigua Grecia. Consiste en el hecho de que todo lo que nos rodea y lo que somos está conformado por cuatro raíces o elementos que son: el fuego, el aire, el viento y el agua. Para que haya fuego es necesario que haya combustible, calor, sequedad y viento, con estas condiciones se convierte en algo transformador y también destructor. Este verano en Castilla y León, Galicia y Extremadura se han unido la cantidad de vegetación, de combustible para producirse los incendios. Lo que antes eran cortafuegos naturales como los cultivos o pastos para el ganado, ahora son tomados por el bosque, que al secarse son pasto para las llamas. A lo que se ha añadido una ola de calor intensa que se ha alargado durante más de 2 semanas, la ayuda del viento y una topografía que ha favorecido a la expansión del fuego. Lo que ha provocado incendios forestales, es decir, fuego no controlado que puede quemar todo lo que encuentre a su paso.
El fuego necesita combustible, calor, sequedad y viento, para que ardan distintos fuegos simultáneamente, a lo que se añaden causas por motivos naturales, las actividades humanas y la acción delictiva de los pirómanos. Casi 400.000 hectáreas han ardido en lo que llevamos de año en España, según datos oficiales del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS). Estamos hablando de la superficie de 400.000 campos de fútbol. Además de la pérdida de vidas humanas y los enormes daños materiales que ocasiona el fuego, está la pérdida ecológica que se produce tras los incendios: la destrucción de la vegetación y la fauna, la pérdida de tierra fértil, la erosión del suelo, el impacto sobre los balances hidrológicos y los efectos sobre el paisaje. Porque la capacidad de regeneración de los bosques frente al fuego es limitada y algunos daños son irreparables. Donde, la sucesión ecológica tardará años en producirse.
Los gobiernos autonómicos, implicados en los incendios, se quejan de las ayudas del Gobierno de España, cuando ellos tienen la competencia en materia de gestión forestal y de extinción de incendios. Intentando confundir como sucedió con la DANA, que si no se decreta el nivel 3 de emergencia, las autonomías son las responsables de organizar y movilizar los recursos necesarios para controlar y apagar las llamas. Ante la pésima gestión y coordinación en los incendios e incluso cierto negacionismo climático por parte de los gobiernos autonómicos del PP, la reacción del presidente del Gobierno es proponer un pacto de Estado ante la emergencia climática. Una propuesta que desoyen, porque es más importante desgastar al Gobierno de España, que evitar que se quemen nuestros bosques.
No hay voluntad política, ni lealtad institucional por parte del PP, lo único importante es culpabilizar al Gobierno de España y a su presidente, de una responsabilidad que se quieren eximir los Gobiernos autonómicos. Porque la realidad es que aparte del cambio climático y la España vacía, es un problema político. Hay una falta de inversión pública para el mantenimiento, limpieza y medios de extinción de los incendios forestales. Ahora, hay que centrarse en la extinción y después llegará el momento de la búsqueda de responsabilidades en las urnas.
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