Matar a Trump no es la solución.


Un nuevo intento de matar a Trump, el tercer intento de acabar con la vida del presidente en dos años de legislatura. Ayer sábado en el hotel Hilton de la capital estadounidense, con algunos de los políticos, diplomáticos y periodistas más influyentes de Washington, más de 2.000 asistentes.

 
Donde de repente, el Servicio Secreto, situado en el escenario comienzan a evacuar apresuradamente al presidente Trump, a la primera dama Melania Trump y al vicepresidente J.D. Vance. Y, el resto de asistentes permanecían bajo las mesas, esperando si había algún tirador en la sala.
 
El hombre armado que cruzó el perímetro de seguridad, de la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, era un hombre de 31 años, identificado como Cole Tomas Allen. Que fue finalmente reducido y detenido.
 
Donald Trump, presidente de Estados Unidos, puede ser una persona que desate ira, incluso odio. Motivo de sus decisiones controvertidas, en una sociedad cada vez más polarizada, donde además se crispa con ayuda de los políticos, medios de comunicación y redes sociales. Pero, lo que hay que tener claro es que matar a Trump no es la solución. La violencia nunca es la solución.
 
Trump no debe ser la víctima potencial para acabar con sus políticas, deben ser las urnas y los norteamericanos los que tienen que decidirlo. Ni un magnicidio puede convertir a un villano en un héroe. Ni puede ser una oportunidad para cambiar su papel en la historia.

La violencia nunca puede ser la solución para arreglar las cosas que no funcionan. Trump ha sufrido tres atentados, lo cual demuestra que la violencia que él transmite con sus políticas tienen una reacción, también violenta, en un país que hay más armas que ciudadanos.
 

El 13 de julio del 2024, mientras Trump pronunciaba un discurso en un mitin de su candidatura en Butler, Pensilvania. Donde un joven de 20 años, intentó asesinar al que probablemente fuese el próximo presidente de Estados Unidos. Thomas Matthew Crooks, disparó contra Trump, al que hirió en la oreja derecha. Que finalmente fue abatido por un integrante del equipo del Servicio Secreto.

El 15 de septiembre de 2024, mientras Trump al golf en su club de West Palm Beach, en Florida, el Servicio Secreto localizó a Ryan Routh, de 58 años, escondido y armado con un rifle, que no llegó a disparar.

En definitiva tres lobos solitarios, sin una organización, sin un plan razonable. Simplemente el intento de cometer un magnicidio, en el cual ignoramos los motivos, las verdades e incluso nos queda la duda razonable de  que intentaron matar a Trump. Nunca sabremos la verdad y todas las posibles conjeturas conspiranoicas que pudo haber detrás de estos tres intentos de asesinato.

Sea como fuere, Trump sigue vivo. Y, quizás le pueda servir para recuperar credibilidad y apoyos de la sociedad norteamericana. Insisto matar a Trump no es la solución. Porque no podemos aceptar nunca, que la violencia sea la respuesta a nada, ni a nadie.

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